Pr. Narciso Nadal Ortiz  Nombre: Juan Narciso Nadal Ortíz

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  Fecha Nuevo Nacimiento: 2/11/1989

  Años en el Ministerio: Dedicado al ministerio pastoral desde el 17 de Septiembre del año 2006

 Familia:

Haduei (Esposa)

  (Hijos)
Liz Marie / Benjamín

 

Nací­ el 02 de noviembre del año 1976 en la ciudad de Santo Domingo, donde fui criado por mis padres en un ambiente familiar y amoroso aunque nada religioso puesto que ellos no pertenecían a ninguna religión y no inculcaron ningún tipo de creencia en sus hijos. A pesar de esto a la edad de 13 años el Señor despertó en mí la necesidad de buscar de él y por mi cuenta comencé a leer un Nuevo Testamento que me habían regalado y a asistir a una iglesia que quedaba relativamente cerca de nuestra casa, aunque tení­a que caminar varias cuadras para llegar a ella. En aquel lugar se me enseñó que la manera de llegar a Dios era por medio del cumplimiento de ciertos ritos y tradiciones, las cuales yo me propuse cumplir con tal de poder saciar la necesidad de Dios que tení­a en mi corazón.

 

Fue en ese tiempo cuando conocí a mi amado hermano en Cristo Hugo Ruiz, quien era miembro activo de la Iglesia de Convertidos a Cristo, a la cual asistía regularmente con su familia en su vehículo y yo pensé que me era más conveniente irme con él a su iglesia que caminar todas las cuadras que caminaba para llegar a la iglesia a que asistía. Fue entonces cuando escuché por primera vez una verdadera predicación del evangelio. Fue sorprendente y a la vez confuso para mí escuchar que no importa cuánto yo me esforzara, o cuantas tradiciones yo siguiera eso no cambiaba el hecho de que yo era pecador y por tanto enemigo de Dios, pero mucho más sorprendente fue escuchar que solo se necesitaba la fe en Cristo para ser salvo y estar en paz con Dios. El hermano Hugo se pasó varias horas luego del servicio explicándome en detalles las cosas que habí­a oí­do y aclarando todas mis dudas al respecto, fue ese mismo dí­a en que acepté a Cristo como mi único Señor y salvador.

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Esta decisión tuvo un doble efecto en mi vida, por un lado me trajo la paz y seguridad espiritual que yo buscaba, pero por el otro me trajo persecución de parte de todos mis familiares y conocidos quienes se burlaron de mí cuando yo confesé ante ellos haber conocido al Señor y comenzaron a presionarme para que me retractara de la decisión que había tomado y a decirme que yo tomaba ese camino porque era muy joven y no sabía hacer las cosas buenas que el mundo tenía para ofrecerme. Esta presión constante produjo en mí­ un estancamiento de mi fe, y a pesar de que continué en los caminos del Señor siempre me quedó la duda de si era cierto eso que me decí­an. Fue así como al llegar a la universidad, donde las tentaciones eran aún mayores y me encontraba mucho más cerca de las cosas del mundo me aparté del camino del evangelio y me fui al mundo a experimentar aquella vida aparentan buena que se me ofrecía, sólo para darme cuenta cuán ciertas son las palabras del predicador en el libro de Eclesiastés cuando dice que el mundo no ofrece más que vanidad y aflicción de espíritu. Así que afligido y abatido volví a los pies del Señor ahora completamente convencido de que fuera de él no había nada que buscar y deseoso de entregarme por completo a aquel que no solo perdonó mis pecados una vez y para siempre, sino que fue tan misericordioso de recibirme nuevamente a pesar de yo haberle despreciado durante esos años de mi vida.

 

Desde aquel momento mi vida fue grandemente transformada y bendecida por el Señor, pocos meses después, durante una reunión de confraternidad entre los jóvenes de la Iglesia de Convertidos a Cristo y la Iglesia Bautista de la Gracia en Santiago conocí­ a la joven morena más preciosa que el Señor haya creado, Haduei, quien años más tarde se convirtió en mi esposa. El Señor me concedió graduarme con honores de doctor en medicina y crecer en la carrera militar, ya que habí­a comenzado también una profesión militar en la Marina de Guerra para poder cubrir mis gastos universitarios, y el Señor me concedió llegar al rango de Alférez de Fragata (Segundo Teniente).

Entonces cuando me encontraba en el apogeo de lo que yo pensé serí­an mis ocupaciones permanentes, entiéndase la medicina y la carrera militar, el Señor me mostró que sus planes conmigo eran otros. Me llevó a trabajar en una comunidad rural donde habí­a una gran escasez de la palabra de Dios, despertando en mí­ la necesidad de predicar el evangelio a las almas perdidas y de consagrar mi vida a hacer que Su Nombre y Su Gloria se expanda sobre la tierra por medio de la predicación de Su palabra.

Fue en el año 2003 cuando se me encomendó el trabajo ministerial, levantando la Iglesia de Convertidos a Cristo en Barrio Lindo, La Caleta donde laboro hasta hoy y en Junio del 2006 fui reconocido como pastor en la Iglesia de Convertidos a Cristo en Santo Domingo con la función de trabajar con el ministerio de Joven para Cristo y con los jóvenes adultos de la iglesia que me vio nacer en Cristo, así­ como seguir laborando como pastor en la Iglesia de la Caleta.