Dominicales

Fecha del Sermón:
Referencia Bíblica:
Hebrews 9:14
Serie del Sermón:
Orador:
Duración:
59:00
Visto:
726
Notas del Sermón:
Es una realidad que aún cuando nos convertimos a Cristo algunas cosas nunca cambian. El problema de una conciencia sucia es tan antiguo como Adán y Eva. Tan pronto como estos pecaron, su conciencia se manchó. Su sentido de culpa fue ruinoso:
 Arruinó su relación con Dios: se escondieron de Él.
 Arruinó sus relaciones entre ellos: se culparon mutuamente.
 Arruinó su paz consigo mismos: por primera vez se vieron a sí mismos y sintieron vergüenza.
 
Desde ahí, los hombres tenemos una conciencia entenebrecida y cada día de nuestra vida nuestra conciencia se va cauterizando por causa del pecado y por ende se endurece y se resiste a continuar el camino de Dios, Tito 1:15.  Sin embargo la Palabra nos enseña que sólo Cristo puede alumbrar los ojos de nuestro entendimiento, Efesios 1:18.
 
Así también declara el texto que nos ocupa diciendo: “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” Hebreos 9:14.  La realidad es triste para aquellos que no han tenido un encuentro personal con Cristo y no han sido transformados en su entendimiento para sanar sus conciencias disponiéndose hacer la voluntad expresa y soberana de Dios.
Esta es la gran tragedia de la humanidad por tanto entremos en materia y escudriñemos las Escrituras bajo el siguiente bosquejo de estudio:
I.   LA SANGRE DE CRISTO
II.  LA LIMPIEZA DE CONCIENCIA
III. OBJETIVO DE LA LIMPIEZA
 
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